En el post del jueves anterior estuvimos comentando la primera respuesta del menor ante los conflictos, la respuesta de la “tortuga”, huir, esconderse, acomodarse etc. Pero nos quedan tres respuestas más, así que en este post vamos a ver cual sería una segunda respuesta mediante un ejemplo:

Ángel y Manuel son dos compañeros vecinos de barrio que no tienen mucha relación, pero en ocasiones coinciden en el instituto (Manuel es un año mayor que Ángel), y de vez en cuando tienen que jugar juntos algunos partidos de fútbol contra otros equipos.

Un día, durante uno de esos partidos en el barrio, Ángel y Manuel se pelean. Ángel tira a portería pero no consigue meter ese gol que tanto necesita su equipo. Manuel comienza a insultarle, llegando incluso a amenazarlo si la próxima vez no le pasa el balón. Manuel quiere ser el protagonista del partido sin importarle nada más, si hace daño a otro compañero, si no coopera con el resto, etc, piensa que él es el mejor y por ello debe ser el único que tire a portería. En realidad sólo busca protagonismo… (hay una chica que le gusta que le está viendo jugar, quiere impresionarla)  Ángel está molesto y enfadado, pero como no quiere problemas con Manuel, que además es mayor que él, deja de tirar a portería y comienza a pasarle todos los balones a Manuel.

Durante todo el partido Manuel se convierte en la estrella, chutando la pelota todo el tiempo, aprovechándose de que Ángel no sabe defender sus ideas y no es capaz de decirle que no. El partido termina, Ángel se siente frustrado porque no ha podido jugar como él quería ya que se ha visto “obligado” a pasar la pelota a Manuel.

¿Os suena? Profesores, entrenadores o padres que observáis impotentes la escena… ¿Cómo han reaccionado ambos chicos? ¿Qué respuestas han dado ante el conflicto? ¿Es adecuada la respuesta de Ángel? ¿Y la de Manuel?

Manuel quería impresionar a una chica y para ello amenaza, insulta y ridiculiza a Ángel para que deje de tirar a portería (pues sabe que es bueno) y le pase a él la pelota para poder marcar. Ángel utiliza la respuesta de la “tortuga”, la primera respuesta que estudiamos en el post anterior. Huye, se conforma, no enfrenta el problema, acepta el chantaje… se esconde en su “caparazón” para no dejar aflorar sus sentimientos y defender lo que piensa. Manuel responde con violencia verbal, quiere ser el mejor a pesar de hacer daño a otros. Esta respuesta se llama “Ataque”, y se produce cuando mi objetivo es ganar y hacer que el otro pierda. “Yo me salgo con lo que quiero y tú te aguantas”. Se trata de responder violentamente ante los conflictos.

Y a pesar de que es un ejemplo juvenil, lo cierto es que como adultos muchas veces respondemos así a nuestros problemas interpersonales. Reflexiona un poco y verás que es así. Es más facil acudir a la violencia (verbal, de expresión, física o psicológica) que exponer mis sentimientos, mis deseos, mis temores… al otro. Es más fácil airarse que dialogar.

La respuesta ante el conflicto que estudiamos hoy es:

Obligar como EL TIBURÓN Yo Gano/ Tú pierdes

Positivo: No tiene nada.

Negativo: Es una respuesta AGRESIVA. Lo que importa verdaderamente es conseguir “lo que yo quiero”, sin importar a quién haces daño para conseguirlo. No te importa nadie, sólo tú. 

Efesios 4:26 nos recuerda: “Si alguna vez os enojáis, que vuestro enojo no llegue hasta el punto de pecar, ni que os dure más allá de la puesta del sol” (LP).

El enojo es una emoción que debemos dominar sin dejar que nos arrastre hasta el punto de herir con él a otras personas. Además, procura no irte a dormir con ello, habla con esa persona antes de que pase más tiempo y “envenene” tu corazón.

 

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